miércoles, 1 de abril de 2020

La Bendición de Buscar la Presencia de Dios



(Sal.63:1-4; 1 P.2:1-3)
Este salmo de David nos presenta al salmista en el desierto de Judá, cuando huía de su enemigo Absalón (2 S.15:23,28), alejado del santuario de Jerusalén, sin hogar y lejos de sus amigos, su alma se encuentra en la soledad del desierto para ver a Dios en la profundidad de la comunión. Este es un salmo adecuado para los tiempos en que vivimos, porque nos lleva a mirar adentro del alma cuando se haya viviendo en desánimo y desazón, pero sin perder el deleite y la dependencia en Dios. David estaba lejos del santuario de Dios, pero no había perdido su pasión de buscar la presencia de Dios, como lo están miles de creyentes lejos de la “casa” del Padre, muchos de los cuales han sido afectado por la pestilencia del (Covid-19) que fueron llevados de una vida cómoda y tranquila, a una de conflicto y confusión (Jn.16:33).
 No es fácil entender las pruebas cuando la vida transita por un lugar árido y sin poder encontrar a Dios, mayormente cuando la vida es arrastrada por la incertidumbre, la intranquilidad, y la incomprensión de no poder ver el propósito Dios (Ro.8:28). En estos días malos que nos toca vivir, este salmo de David viene a refrescar el alma en las aguas profunda de la comunión de los que tienen sed de Dios. A través de la historia bíblica podemos ver a muchos hombres y mujeres que conocieron mejor a Dios en un diserto. Agar vio a Dios en un desierto (Gn.16:7-14). Moisés vio a Dios en el desierto (Éx.19 y 24). Elías vio a Dios en el desierto (1 R.19). El mismo Señor salía al desierto tener comunión con el Padre celestial (Mr.1:35). Este salmo nos desafía a mirar el alma del creyente fiel cuando se haya lejos del santuario de Dios. El deseo ardiente del salmista por la presencia de Dios lo podemos ver a través de cuatro declaraciones:
1.      El Deseo del alma (v.1-4)
El anhelo de buscar la Presencia de Dios, así como el apetito por la Palabra de Dios, es una evidencia del creyente que desea saciar su alma, con la misma intensidad que lo hace un niño recién nacido por la leche materna (1 P.2:1-2).
a)      La Perspectiva de su comunión (v.1) “Dios, Dios mío eres tú
Una vida en medio de un desierto puede llevarnos a perder la perspectiva de la grandeza de Dios, cuando el desierto moral de este mundo está ofreciendo todo el tiempo como satisfacer el alma que ha perdido la perspectiva de la suficiencia de Dios. Uno de los peligros en la vida de muchos creyentes viene de las preocupaciones por las cosas materiales que pone en riesgo la vida espiritual, y poco a poco el mundo materialista y moral puede hacernos perder el amor y el anhelo de buscar la Presencia de Dios (1 Ti.6.9-11,17). El salmista se encuentra en un desierto vacío de todos los recursos para la vida, pero se da cuenta que los recursos para satisfacer su alma se haya en esa búsqueda de relación personal con Dios. El sustento para el alma vacía, no viene de la satisfacción que el mundo ofrece, sino de saber quién es Dios en nuestras vidas que tiene todos los recursos para sostener y llenar el alma de satisfacción. Pablo dijo: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil.4:19; Stg.1:17). Podemos decir nosotros: “¿Dios, Dios mío eres tú? Él no es indiferente e insensible sino un Dios todo suficiente que puede llenar de sustento y de alegría nuestros corazones (Hch.14:17).

b)      La Prioridad de su comunión (v.1) «De madrugada te buscaré»
 La comunión con Su Dios era la prioridad en la vida de David que no esperaba que el sol lo levantara, sino que él se anticipa al alba y aun a las vigilias de la noche para buscar de Dios Su comunión (Sal.119:147-148). Uno más grande que David nos enseña lo que era levantarse temprano en la mañana: Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, y allí oraba” (Mr.1:35). La devoción del Señor estaba en ese tiempo de comunión que él deseaba pasar cada mañana en la presencia de Su Padre celestial en oración. La fuerza espiritual en la vida de Jesús estaba unida a la relación personal con Su Padre celestial que era la fuente de su comunión. fuente. Necesitamos del alimento de la Palabra de Dios para fortalecer las raíces de la fe, pero necesitamos también apartar tiempo en la Presencia, para fortalecer la relación de la comunión con Dios y regar las flores de la esperanza a través de la oración. El tiempo más importante cada día en la vida de un creyente, tiene que ver con ese tiempo a solas con Dios.
c)      La Profundidad de su comunión (v.1) «Mi alma tiene sed... mi carne te anhela»
David anhela la presencia de Dios como alguien que anhela el agua en un desierto perdido. Este mundo es un desierto moral con personas que tiene un montón de deseos de todo tipo que no saben como satisfacerla. El salmista sabía que la fuerza de su vida interior venía de un intenso deseo de todo el ser, para satisfacer la sed de su alma en la fuente de las aguas de la comunión con Dios.
d)      La Plenitud de la comunión (v2) «Para ver tu poder y tu gloria... te he mirado en tu santuario»
El salmista esta oculto en el desierto de Judá, pero allí el anhelo de su alma se intensifica por regresar a la adoración en Jerusalén. David había contemplado el poder y la gloria de Dios en el santuario, ahora contempla el poder y la gloria de Dios en un desierto para saciar su alma en la plenitud de Su presencia. Quizás hoy no podemos contemplar el poder y la gloria de Dios en el culto de una Iglesia, pero lo podemos hacer en la comunión privada en nuestros hogares y en familia. El que prometió estar con nosotros, estará con Su presencia en cada color de prueba y peligro hasta lo último de la tierra (Mt.28:20).
e)      La Proclamación de su comunión (v.3-4) «Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán»
No hay bendiciones que se puedan compara con la misericordia de Dios, porque “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” (Lm.3:22,23). La misericordia de Dios es mejor que la vida misma y que cualquier otra cosa en la vida. El salmista alaba, exalta y bendice a Dios por su misericordia, porque de hecho David sabía lo que era la misericordia de Dios en su vida (2 S.24:12-14). Las manos levantadas son símbolos de la devoción del corazón, de la dependencia del que confía en Su nombre, y de los que le alaban con dedicaciónMis labios te alabarán y te bendeciré en mi vida” Al contemplar la misericordia de Dios, el alma de David se llena de alabanza y de agradecimiento por las bendiciones recibidas en Su misericordia, y en sus labios hay una canción para Dios, pero todo esta simbolizado por sus manos levantadas que es la expresión del corazón. Y, cuando el corazón no anda bien, cualquier cosa que hagamos resultará en maldición en lugar de una bendición (1 Co.11:17-32). Cuidar el corazón, es cuidar la puerta de las bendiciones.

2.      El Deleite del alma (v.5-7)
El alma sedienta ahora encuentra la plenitud de la satisfacción, cuando se acuerda que solo Dios puede alimentar al hombre interior. En el palacio tenía de todo para comer y beber para su cuerpo, pero en el la soledad del desierto se da cuenta que la comida para alimentar y fortalecer su alma, vienen de la grosura y el meollo al alma que encuentra su deleite en la comunión con Dios. La satisfacción espiritual y emocional con la comunión en la presencia de Dios, es comparada con las ricas y abundantes comidas de las fiestas de un palacio. La satisfacción de su alma se evidencia por:
a)      La Delicia de su comunión (v.6) “cuando me acuerde de ti en mi lecho
La delicia de la comunión de salmista David estaba cuando traía a su memoria al Dios de todos los tiempos (20:7; Sal.143:5-6). La vida del salmista estaba impregnada de la presencia y persona de Dios en todo tiempo y circunstancia que le toba pasar. David se da cuenta que el alma que necesita ser saciada, puede ser alimentada y animada cuando se acuerda de Dios, no de sus logros o de sus victorias sino solo de Dios.
b)      La Diligencia de su comunión (v.6) “cuando medite en ti en las vigilias de la noche
El salmista era perseguido por un hijo rebelde, pero antes que el crepúsculo se levante en el desierto de Judá, el se levanta para buscar de Dios Su comunión. David se levanta en la noche para meditar no en sus enemigos, sino que medita en su misericordia, en su poder, y en su gloria. Muchas veces Dios lleva nuestra vida a un desierto para que podamos aprender acerca de la maravilla de Su persona, de Su poder, y de Sus promesas.
c)      La Dependencia de su comunión (v.7) “porque has sido mi socorro,” ...
David entiende que en un desierto no podía contar con sus amigos, y en todos los peligros que le toco pasar al enfrentar el oso, el león, Goliat y otras muchas cosas pudo encontrar su refugio en Dios. Ahora en la soledad de un desierto, David se refugia bajo la sombra de las de Dios que le daban seguridad y sostén como una madre protege a sus polluelos (57:1). Una manera de encontrar esta misma protección que David encontró en la soledad de su vida, viene al creyente cuando tiene su vida en dependencia de la comunión con Dios en todo tiempo.
3.      La Dedicación del alma (v.8)
Se trata del alma siguiendo en pos de Dios, porque esta apegada a Dios como lo expresa la relación del hombre con su esposa (Gn.2:24) o de la relación de Rut con Noemí (Rut.1.16-17). El salmista se apega a Dios como una manera de seguir la invitación de Dios (Dt.4:4; 10:20; 13:4). El alma saciada encuentra en Dios la plena satisfacción para los momentos difíciles de la vida en la manera y en la medida que le sigue. Hay muchos creyentes que solo se apegan al Señor cuando su vida se encuentra en valle de sombra de muerte, pero le siguen de lejos cuando la vida transita por periodo de tiempo de bonanza y bendiciones. Un ejemplo de alguien que dejo de seguir al Señor fue Pedro: “Y Pedro le seguía de lejos” (Lc-22:54-62).
La satisfacción del alma no es sinónimo de sentimientos, sino de comunión y compromiso del alma que confía en Dios
4.      La Defensa del alma (v.9-11)
En esta conclusión, David resume su salmo que su vida se haya sostenida bajo la defensa de Dios. Los enemigos crueles que le perseguían sin razón, fueron derrotados como evidencia que el Dios de David estaba a su favor (2 S.18:6-9). A la luz de su caminar y de su comunión con Dios, los enemigos de David fueron derrotados y devorados por los chacales sin tener una sepultura decente (v.10). El rey se alegra no en sus logros, sino en el poder y en la promesa de su Dios (v.11).
En esta vida nos hemos de encontrar con enemigos de adentro y de afuera, pero quien podrá hacernos daño, si nosotros seguimos el bien (1 P.3:13-18). David se goza en Dios porque sabe que no hay nada en que podía gloriarse, sino en la gracia y en la grandeza de la diestra de Dios que le ha sostenido. El requisito de todas estas bendiciones, viene alma del creyente que busca la presencia de Dios. La senda del salmista ascendía en la medida que su alma era saciada en la presencia de Dios. ¿Está su alma siendo saciada por la presencia de Dios? No se puede buscar la presencia de Dios, y al mismo tiempo buscar las cosas de este mundo (Col.3.1-3; 1 Jn.2.15-17).

                               Alfonso Rojas,
                                   1 de abril de 20204



   Agradecemos a nustro queri hermano Alfonso Rojas por su aporte y edificacion.




 

  






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