miércoles, 1 de abril de 2020

La Bendición de Buscar la Presencia de Dios



(Sal.63:1-4; 1 P.2:1-3)
Este salmo de David nos presenta al salmista en el desierto de Judá, cuando huía de su enemigo Absalón (2 S.15:23,28), alejado del santuario de Jerusalén, sin hogar y lejos de sus amigos, su alma se encuentra en la soledad del desierto para ver a Dios en la profundidad de la comunión. Este es un salmo adecuado para los tiempos en que vivimos, porque nos lleva a mirar adentro del alma cuando se haya viviendo en desánimo y desazón, pero sin perder el deleite y la dependencia en Dios. David estaba lejos del santuario de Dios, pero no había perdido su pasión de buscar la presencia de Dios, como lo están miles de creyentes lejos de la “casa” del Padre, muchos de los cuales han sido afectado por la pestilencia del (Covid-19) que fueron llevados de una vida cómoda y tranquila, a una de conflicto y confusión (Jn.16:33).
 No es fácil entender las pruebas cuando la vida transita por un lugar árido y sin poder encontrar a Dios, mayormente cuando la vida es arrastrada por la incertidumbre, la intranquilidad, y la incomprensión de no poder ver el propósito Dios (Ro.8:28). En estos días malos que nos toca vivir, este salmo de David viene a refrescar el alma en las aguas profunda de la comunión de los que tienen sed de Dios. A través de la historia bíblica podemos ver a muchos hombres y mujeres que conocieron mejor a Dios en un diserto. Agar vio a Dios en un desierto (Gn.16:7-14). Moisés vio a Dios en el desierto (Éx.19 y 24). Elías vio a Dios en el desierto (1 R.19). El mismo Señor salía al desierto tener comunión con el Padre celestial (Mr.1:35). Este salmo nos desafía a mirar el alma del creyente fiel cuando se haya lejos del santuario de Dios. El deseo ardiente del salmista por la presencia de Dios lo podemos ver a través de cuatro declaraciones:
1.      El Deseo del alma (v.1-4)
El anhelo de buscar la Presencia de Dios, así como el apetito por la Palabra de Dios, es una evidencia del creyente que desea saciar su alma, con la misma intensidad que lo hace un niño recién nacido por la leche materna (1 P.2:1-2).
a)      La Perspectiva de su comunión (v.1) “Dios, Dios mío eres tú
Una vida en medio de un desierto puede llevarnos a perder la perspectiva de la grandeza de Dios, cuando el desierto moral de este mundo está ofreciendo todo el tiempo como satisfacer el alma que ha perdido la perspectiva de la suficiencia de Dios. Uno de los peligros en la vida de muchos creyentes viene de las preocupaciones por las cosas materiales que pone en riesgo la vida espiritual, y poco a poco el mundo materialista y moral puede hacernos perder el amor y el anhelo de buscar la Presencia de Dios (1 Ti.6.9-11,17). El salmista se encuentra en un desierto vacío de todos los recursos para la vida, pero se da cuenta que los recursos para satisfacer su alma se haya en esa búsqueda de relación personal con Dios. El sustento para el alma vacía, no viene de la satisfacción que el mundo ofrece, sino de saber quién es Dios en nuestras vidas que tiene todos los recursos para sostener y llenar el alma de satisfacción. Pablo dijo: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil.4:19; Stg.1:17). Podemos decir nosotros: “¿Dios, Dios mío eres tú? Él no es indiferente e insensible sino un Dios todo suficiente que puede llenar de sustento y de alegría nuestros corazones (Hch.14:17).

b)      La Prioridad de su comunión (v.1) «De madrugada te buscaré»
 La comunión con Su Dios era la prioridad en la vida de David que no esperaba que el sol lo levantara, sino que él se anticipa al alba y aun a las vigilias de la noche para buscar de Dios Su comunión (Sal.119:147-148). Uno más grande que David nos enseña lo que era levantarse temprano en la mañana: Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, y allí oraba” (Mr.1:35). La devoción del Señor estaba en ese tiempo de comunión que él deseaba pasar cada mañana en la presencia de Su Padre celestial en oración. La fuerza espiritual en la vida de Jesús estaba unida a la relación personal con Su Padre celestial que era la fuente de su comunión. fuente. Necesitamos del alimento de la Palabra de Dios para fortalecer las raíces de la fe, pero necesitamos también apartar tiempo en la Presencia, para fortalecer la relación de la comunión con Dios y regar las flores de la esperanza a través de la oración. El tiempo más importante cada día en la vida de un creyente, tiene que ver con ese tiempo a solas con Dios.
c)      La Profundidad de su comunión (v.1) «Mi alma tiene sed... mi carne te anhela»
David anhela la presencia de Dios como alguien que anhela el agua en un desierto perdido. Este mundo es un desierto moral con personas que tiene un montón de deseos de todo tipo que no saben como satisfacerla. El salmista sabía que la fuerza de su vida interior venía de un intenso deseo de todo el ser, para satisfacer la sed de su alma en la fuente de las aguas de la comunión con Dios.
d)      La Plenitud de la comunión (v2) «Para ver tu poder y tu gloria... te he mirado en tu santuario»
El salmista esta oculto en el desierto de Judá, pero allí el anhelo de su alma se intensifica por regresar a la adoración en Jerusalén. David había contemplado el poder y la gloria de Dios en el santuario, ahora contempla el poder y la gloria de Dios en un desierto para saciar su alma en la plenitud de Su presencia. Quizás hoy no podemos contemplar el poder y la gloria de Dios en el culto de una Iglesia, pero lo podemos hacer en la comunión privada en nuestros hogares y en familia. El que prometió estar con nosotros, estará con Su presencia en cada color de prueba y peligro hasta lo último de la tierra (Mt.28:20).
e)      La Proclamación de su comunión (v.3-4) «Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán»
No hay bendiciones que se puedan compara con la misericordia de Dios, porque “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” (Lm.3:22,23). La misericordia de Dios es mejor que la vida misma y que cualquier otra cosa en la vida. El salmista alaba, exalta y bendice a Dios por su misericordia, porque de hecho David sabía lo que era la misericordia de Dios en su vida (2 S.24:12-14). Las manos levantadas son símbolos de la devoción del corazón, de la dependencia del que confía en Su nombre, y de los que le alaban con dedicaciónMis labios te alabarán y te bendeciré en mi vida” Al contemplar la misericordia de Dios, el alma de David se llena de alabanza y de agradecimiento por las bendiciones recibidas en Su misericordia, y en sus labios hay una canción para Dios, pero todo esta simbolizado por sus manos levantadas que es la expresión del corazón. Y, cuando el corazón no anda bien, cualquier cosa que hagamos resultará en maldición en lugar de una bendición (1 Co.11:17-32). Cuidar el corazón, es cuidar la puerta de las bendiciones.

2.      El Deleite del alma (v.5-7)
El alma sedienta ahora encuentra la plenitud de la satisfacción, cuando se acuerda que solo Dios puede alimentar al hombre interior. En el palacio tenía de todo para comer y beber para su cuerpo, pero en el la soledad del desierto se da cuenta que la comida para alimentar y fortalecer su alma, vienen de la grosura y el meollo al alma que encuentra su deleite en la comunión con Dios. La satisfacción espiritual y emocional con la comunión en la presencia de Dios, es comparada con las ricas y abundantes comidas de las fiestas de un palacio. La satisfacción de su alma se evidencia por:
a)      La Delicia de su comunión (v.6) “cuando me acuerde de ti en mi lecho
La delicia de la comunión de salmista David estaba cuando traía a su memoria al Dios de todos los tiempos (20:7; Sal.143:5-6). La vida del salmista estaba impregnada de la presencia y persona de Dios en todo tiempo y circunstancia que le toba pasar. David se da cuenta que el alma que necesita ser saciada, puede ser alimentada y animada cuando se acuerda de Dios, no de sus logros o de sus victorias sino solo de Dios.
b)      La Diligencia de su comunión (v.6) “cuando medite en ti en las vigilias de la noche
El salmista era perseguido por un hijo rebelde, pero antes que el crepúsculo se levante en el desierto de Judá, el se levanta para buscar de Dios Su comunión. David se levanta en la noche para meditar no en sus enemigos, sino que medita en su misericordia, en su poder, y en su gloria. Muchas veces Dios lleva nuestra vida a un desierto para que podamos aprender acerca de la maravilla de Su persona, de Su poder, y de Sus promesas.
c)      La Dependencia de su comunión (v.7) “porque has sido mi socorro,” ...
David entiende que en un desierto no podía contar con sus amigos, y en todos los peligros que le toco pasar al enfrentar el oso, el león, Goliat y otras muchas cosas pudo encontrar su refugio en Dios. Ahora en la soledad de un desierto, David se refugia bajo la sombra de las de Dios que le daban seguridad y sostén como una madre protege a sus polluelos (57:1). Una manera de encontrar esta misma protección que David encontró en la soledad de su vida, viene al creyente cuando tiene su vida en dependencia de la comunión con Dios en todo tiempo.
3.      La Dedicación del alma (v.8)
Se trata del alma siguiendo en pos de Dios, porque esta apegada a Dios como lo expresa la relación del hombre con su esposa (Gn.2:24) o de la relación de Rut con Noemí (Rut.1.16-17). El salmista se apega a Dios como una manera de seguir la invitación de Dios (Dt.4:4; 10:20; 13:4). El alma saciada encuentra en Dios la plena satisfacción para los momentos difíciles de la vida en la manera y en la medida que le sigue. Hay muchos creyentes que solo se apegan al Señor cuando su vida se encuentra en valle de sombra de muerte, pero le siguen de lejos cuando la vida transita por periodo de tiempo de bonanza y bendiciones. Un ejemplo de alguien que dejo de seguir al Señor fue Pedro: “Y Pedro le seguía de lejos” (Lc-22:54-62).
La satisfacción del alma no es sinónimo de sentimientos, sino de comunión y compromiso del alma que confía en Dios
4.      La Defensa del alma (v.9-11)
En esta conclusión, David resume su salmo que su vida se haya sostenida bajo la defensa de Dios. Los enemigos crueles que le perseguían sin razón, fueron derrotados como evidencia que el Dios de David estaba a su favor (2 S.18:6-9). A la luz de su caminar y de su comunión con Dios, los enemigos de David fueron derrotados y devorados por los chacales sin tener una sepultura decente (v.10). El rey se alegra no en sus logros, sino en el poder y en la promesa de su Dios (v.11).
En esta vida nos hemos de encontrar con enemigos de adentro y de afuera, pero quien podrá hacernos daño, si nosotros seguimos el bien (1 P.3:13-18). David se goza en Dios porque sabe que no hay nada en que podía gloriarse, sino en la gracia y en la grandeza de la diestra de Dios que le ha sostenido. El requisito de todas estas bendiciones, viene alma del creyente que busca la presencia de Dios. La senda del salmista ascendía en la medida que su alma era saciada en la presencia de Dios. ¿Está su alma siendo saciada por la presencia de Dios? No se puede buscar la presencia de Dios, y al mismo tiempo buscar las cosas de este mundo (Col.3.1-3; 1 Jn.2.15-17).

                               Alfonso Rojas,
                                   1 de abril de 20204



   Agradecemos a nustro queri hermano Alfonso Rojas por su aporte y edificacion.




 

  






martes, 28 de enero de 2020

Mi vida es Cristo


Las Bendiciones del Hombre Bienaventurado


Agradecemos a nuestro querido hermano Alfonso Rojas por su aporte de este estudio. deseamos y oramos para que sea de edificacion para sus vidas 


 Las Bendiciones del Hombre Bienaventurado
(Sal. 1:1-6)

 “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche”. El Salmo presenta en dos estrofas el retrato de la felicidad del justo y el juicio de los malos. Es la bienaventuranza de un hombre de profundo gozo y de un contentamiento que viene de Dios. Se trata de la bendición de los salvos (1-3) y la maldición de los sentenciados (4-6). Los malos están sentenciados por sus caminos torcidos (Sal. 5:4-6), porque carece de la vida y la justicia de Dios en Cristo (Ef. 4:18,24; Ro. 3:24-26; 5:1, 9, 17-21). 

Estos versículos son una promesa de bendición para aquellos que tienen una profunda comunión y que caminan en obediencia a la Palabra de Dios. ¡Qué ser humano en esta vida no daría cualquier cosa por ser feliz! La felicidad no está en las cosas ni en las circunstancias favorables de la vida, sino que radica en el carácter piadoso del hombre que camina con Dios (Sal.1:1). La vida bienaventurada es una bendición que no depende de las circunstancias ni de las cosas de este mundo, sino de la comunión con el Autor de nuestra salvación (Jn. 10:10; 1 Ti:6:6, 12; Fil.4:10; Sal.16:11). No se trata de una felicidad que depende de las “cosas” del mundo, sino con aquello que se relaciona con el camino, el corazón y el carácter. El mismo Señor dijo: “Porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que uno posee” (Lc. 12:15). Él no vino a lidiar con conflictos terrenales sino con aquellos que tiene que ver con el corazón y el camino eterno (Jn. 14:6; Col.3:1-4). La felicidad no es “alegría”, sino una de gozo y de un contentamiento de una vida que ha sido justifica por Dios (Ro.5:1).

El mundo en que vivimos es un sistema corrompido y que está contaminado por el pecado de Adán (Ro. 1:18-32; 5:12,19), pero el camino de la felicidad se haya en esa confianza en Aquel que dijo: “...Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”  Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn. 10:10; 8:12). El versículo 1 puede traducirse: «¡Qué felicidad la del hombre!» o también ¡Oh las felicidades del hombre justo! A cualquier parte de la Biblia que acudamos, hallamos que Dios da gozo y bendiciones al hombre justo y obediente, pero aflicción y desdicha le rodea aquellos que desobedecen y tienen en poco Su Palabra y Sus bendiciones. 

Es evidente que Dios no ve una persona, sino a dos personas en el mundo: los justos, que están «en Cristo», y los malos, que están «en Adán», muertos en delitos y pecados (1 Co. 15.22, 49; Ro. 5:12-14, 17-21). Desde el principio de la creación Dios bendijo a la humanidad (Gn. 1.28); pero fue sólo después que el pecado entró al mundo mediante la desobediencia de Adán que hallamos la palabra «maldición» (Gn. 3.14–19). ¿Cómo puede un creyente encontrar bendición espiritual en medio de un mundo que sigue la corriente de este mundo? Sin embargo, Dios siempre ha deseado que la humanidad disfrute de sus bendiciones que Él nos ha dado en Cristo. En Efesios 1:3 nos dice que el creyente en Cristo ha sido «bendecido con toda bendición espiritual». ¡Cuán ricos somos en Él! Pero es triste, que muchos cristianos no toman posesión «de sus ricas posesiones» (Abd 17) ni disfrutan de sus bendiciones en Cristo. Estos versículos son una promesa de bendición para aquellos que tienen una profunda comunión y que caminan en obediencia a la Palabra de Dios. La felicidad del hombre:

I.                 La Felicidad del hombre Feliz. (v.1)

¡Qué ser humano en esta vida no daría cualquier cosa por ser feliz! La felicidad no está en las cosas ni en las circunstancias, sino que radica en el carácter piadoso del hombre que camina con Dios. La felicidad del hombre:

A.    Está en su Carácter Piadoso (v.1).

1.      No anda en el Consejo de malos. (Pr.12:5)
Es un hombre feliz porque ha cambiado toda su forma de vida. Aquí tenemos el cuadro de la vida feliz, pero en términos de carácter, porque la vida bienaventurada es una vida separada, satisfecha y sumergida en las profundidades de la Palabra de Dios (Sal.1:1,2) La vida cristiana se compara al andar conforme a los patrones bíblicos que hayamos establecidos en la Palabra de Dios (Ef 4.1, 17; 5.2, 8, 15). La vida cristiana empieza con un paso de fe al confiar en Cristo y crece a medida que vamos dando pasos de fe en obediencia a Su Palabra. 

El Andar del creyente involucra progreso y los cristianos deben progresar al aplicar las verdades bíblicas a su vida cristiana. Pero es posible también que el creyente ande «en tinieblas», fuera de la voluntad de Dios (1 Jn 1.5–7). Las personas que Dios bendice se cuidan mucho en su andar: aun cuando están en el mundo, no son del mundo y no aman al mundo (1 Jn. 2:15-17). En contraste, se requiere poca imaginación para ver a la persona andando cerca del pecado, luego deteniéndose para considerarlo y por último sentándose para disfrutar «los placeres temporales del pecado» (He. 11.25).
El que anda en el consejo de los malos es como seguir el camino ancho que lleva a la perdición. No se exponga a los consejos de las personas impías que evalúan la vida sin tener en cuenta los principios y las promesas de la Palabra de Dios (Stg. 1:5; 2 P. 1:3.4). El creyente debe cuidar la puerta de su mente de los malos consejos que pueden corromperlo. Las personas que Dios bendice y que son bienaventurada se cuidan  mucho de andar en luz y de andar en la verdad como él anduvo (Ef. 4:17-18; 5:6-12; 1 Jn. 2:6; 3 Jn. 3-4).

2.      No anda en Comino de pecadores.
El que sigue el consejo de los malos termina siguiendo el camino de los pecadores. El creyente no debiera tener trato con quienes deliberadamente caminan en el pecado y deshonran el buen nombre de Dios. Porque para ellos hay caminos que le parecen derecho pero su fin es camino de muerte (Pr. 14:12). El camino de los pecadores es un retrato del curso de vida que siguen todos los malos que han corrompido su carácter y su camino de manera deliberada.
La vida buena del hombre bueno está en vivir separado de todo aquello que lleva a los hombres por el mal camino por carecer de la luz de Dios (1 Jn. 1:5-6). El cristiano es conocido por su camino, y los que andan en luz son los que pueden disfrutar de una verdadera felicidad por estar en comunión con Él. La vida bienaventurada es el resultado de andar en comunión con Dios y en confesión diaria de nuestros pecados (1 Jn. 1:9). La vida del hombre feliz está en caminar por las sendas de justicia de los que aman a Dios y de los que viven conforme a la voluntad de Dios (1 P. 4:1-5; Ef. 4:17-31; 5:7-17).

3.      No anda en Compañía de burladores.
 Si usted quiere ser bendecido y llevara una vida feliz, dice el salmista, no ande en el consejo de los malos ¿Qué significa eso? No escuche lo que los impíos tienen que decir. No siga sus consejos. No deje que influyan en usted su perspectiva sobre las cosas, su valoración sobre la vida espiritual. No se exponga a las mentiras de las personas que evalúan el mundo sin tener en cuenta la Palabra de Dios.
Aquí se representa un proceso de tres etapas que se mueve del consejo al caminar y al lado de la compañía de personas impías, que viven ocupados en conversaciones superficiales e infructuosas (Ef. 5:6-12). La imagen siguiente es la de estar con los pecadores. Alguien dijo con razón: “No podemos evitar que los pájaros vuelen sobre nuestras cabezas pero sí que hagan nido” Usted no podrá evitar caminar en medio de una sociedad que sigue la corriente de este mundo, pero si podrá evitar el camino que ellos siguen hacia el pecado. 

Si se encuentra caminando con ellos, no se quede y hable con ellos, a menos que pueda compartir del evangelio, de Cristo y de su amor. No permita que la conversación superficial sobre cosas infructuosas se haga más profunda. La imagen final es sentarse con el escarnecedor, compartir el asiento de modo que usted llega a ser uno de ellos. Este triste desarrollo es una evidencia que vemos en la desobediencia de Pedro. Jesús le dijo que se fuera (Jn 18.8), pero en lugar de eso Pedro anduvo detrás de Jesús (Jn. 18.15). Luego lo vemos junto a la gente equivocada (Jn.18.18) y sentado entre mucho cerca del fuego (Lc 22.55). Usted sabe lo que ocurrió: entró directo en el camino de la tentación y tres veces negó a su Señor. Si los cristianos empiezan a escuchar el consejo (planes) de los malos, pronto estarán yendo por el camino en su manera de vivir y a la larga se sentarán en compañía de burladores y estarán de acuerdo con todas sus disoluciones (1 P.4:4; Ef. 5:7-12).
II.             El Fundamento del hombre feliz (v.2)

Es salmista nos  declara que el hombre feliz es aquel que encuentra su deleite en la ley del Señor, y en su ley medita de día y de noche. El fundamento del hombre feliz:

B.     Está en su Comunión con la Palabra.
El hombre espiritualmente feliz tiene su deleite en el estudio y en entendimiento de la Palabra de Dios. Es un hombre en cuyo corazón rebosa la Palabra de Dios, y su delicia está en esa comunión profunda con Su Palabra. Las personas que son bendecidas por Dios encuentran su deleite en la Palabra de Dios. Es en el estudio, la meditación, la lectura y la obediencia a la Biblia lo que trae bendición a nuestras vidas, y lo que demuestra “¡Oh, cuánto amó yo tu ley! (Sal. 119:97). El Salmo119 emplea las palabras delicia y regocijo no menos de nueve veces para describir la actitud que el salmista tenía hacia Palabra de Dios.

La mediación cada día con la Palabra de Dios es fuente de gozo y satisfacción. Si usted ama realmente a Dios, amara encontrarse con Él cada día a través de la meditación de Su Palabra. Medite noche y día en los pasajes que revelen su voluntad para su vida. Conocer a Dios es uno de los principios de la Palabra de Dios y el propósito de la vida eterna (Jos. 1:8; Jer. 9:24; Os. 6:3; Dt.11:18-21; Jn. 17:3; Col. 1:10). Las personas que Dios bendice no sólo leen la Palabra diariamente, sino que la estudian, la memorizan y meditan en ella de día y de noche. La Palabra de Dios controla sus mentes, sus actitudes  y sus acciones. Los que son llenos de la Palabra, a la vez son llenos del Espíritu y caminan en el Espíritu. La vida en el Espíritu es una vida impregnada de la Palabra de Dios. (Col. 3:16; Ef. 5:18-20’)

El crecimiento acerca de Dios viene por medio de la Palabra de Dios, pero conocer a Dios viene por la obediencia a sus mandamientos (1 Jn. 2:3-6). La mayoría de los cristianos no encuentran deleite en Dios porque viven lejos de la Palabra de Dios. La Biblia es la revelación de Dios, y Él nos ha dejado Su Palabra para que usted y yo podamos conocerle y crecer en comunión con Él. En la medida que pasamos tiempo con Su Palabra es en la media que vamos creciendo en la comunión con Dios.
El propósito supremo de todo creyente es glorificar a Dios y gozarse en Él, pero el plan de Dios es que usted y yo tengamos comunión con Dios ahora y aquí a través de Su eterna Palabra. Fuimos creados para la gloria de Dios y para gozarnos en la comunión con Dios cada día (Sal. 25:14; Pr. 3:32; Ef. 1:6, 12, 14; 2 Ts. 1:11-12). El apóstol Juan nos dice: lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo (1 Jn. 1:3).

Un hombre feliz es un hombre del Libro de Dios, que tiene su apetito por la Palabra de Dios, y que no hay un día o una noche que no haya tenido un encuentro con el Autor de la Biblia. Todos los hombres y mujeres piadosos han sido personas del Libro de Dios. ¿Es posible que la Palabra de Dios pierda su valor en la vida de un creyente?  Demasiados cristianos están perdiendo las bendiciones que trae la Palabra de Dios a su vida, porque ya no es su deleite meditar en su ley día y noche, y ya no la desean como niño recién nacido para alimentarse y crecer hacia la madurez espiritual (Sal. 1:1-2; 1 P. 2:1-2). El apóstol Pablo escribiendo sobre los tiempos peligros le dice a Timoteo: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que tendrán comezón de oír...” (2 Ti. 4:3, 4) Esto quiere decir que muchas personas y aun creyentes se volverán intolerantes hacia la enseñanza exigente y desafiante de la Palabra de Dios.

Una de las maneras de comprobar la falta de apetito y de amor por Palabra de Dios, es en la manera que atendemos a la voz de Dios a través de Su Palabra cada vez que se abre para ser leída y explicada en cada reunión. Cuando el pueblo de Dios “se juntó como un solo hombre en frente de la plaza de las aguas” para oír la ley de Dios, el pueblo no pregunto quién iba hablar sino que dijeron a Esdras el escriba que traigan el Libro (Neh. 8:1). No se juntaron para ver quién iba a predicar o de que iban hablar, sino que todos estaban unidos de corazón y mente para oír la voz de la Palabra de Dios.

Una de las evidencias que demuestra el valor de la Palabra de Dios en la vida de un creyente, es en la medida que amamos al Señor y en la manera que tramos a la Biblia. El Señor dijo a de sus discípulos: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. El que no me ama, no guarda  mis palabras...”(Jn. 14:15,21,24). Lamentablemente, muchos creyentes tratan a la Biblia como un “psicólogo” que solo van a ella cada vez que se sienten mal o cada vez que necesitan que una promesa de Dios se  haga realidad en algunas de sus pruebas.

Sin embargo, para los que aman a Dios, la Biblia representa el alimento más importante y necesario para alimentar su alma cada día. Sino miren a Job: =Guardé las palabra de tu boca más que mi comida” (Job. 23:12). Job iba diciendo: yo he estimado de más valor las palabras de tu boca, que la comida necesaria. Uno de los peligros de los últimos tiempos es la gratificación personal que la gloria de Dios. Los creyentes están más preocupados por las cosas materiales que por las cosas espirituales. Unas de las señales de los últimos tiempos serán la apatía y la falta de apetito por la Palabra de Dios. A propósito, ¿Qué lugar ocupa en la escala de valores en su vida la Palabra de Dios? ¿Es la Palabra de Dios preeminente o prominente en su vida? Dios no quiere tener “un lugar en su vida” sino que Él desea estar en toda Su plenitud en su corazón.

La Palabra de Dios puede estar solo en sus recuerdos o puede estar obrando en su corazón, de ello depende el valor de la Palabra de Dios en su vida. “Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Ts. 2:13) Si la Palabra de Dios ya no es un fuego en nuestros huesos; una luz a nuestro camino o una espada para hacer frente a nuestras batallas, entonces sabremos que nuestras vidas y corazones están vacíos de la presencia de Dios. ¡Qué bendición cuando la compañía de los redimidos del Señor se reúne como un solo hombre para clamar, como el siervo que brama por las corrientes de las aguas por la Palabra de Dios! Vayamos, pues, como ellos a “la plaza delante de la puerta de las aguas” y clamemos: “Traed el libro, la Biblia

III.         Los Frutos del hombre feliz (v.3)

El hombre bueno y feliz es comparado a un árbol que tiene las cualidades de ser un árbol fuerte, fructífero y frondoso. Los frutos del hombre feliz. 

C.     Está en las Corrientes de aguas Profundas.

La vida del hombre feliz es comparada a un árbol frondoso y fecundo que todo lo que hace en su vida prospera. Podríamos hablar de:

1.      Su Fuente. “junto a corrientes de aguas
No es un árbol que está plantado en cualquier lugar, sino junto a los arroyos en las profundas verdades de la Palabra de Dios. Es un árbol que tiene sus raíces bien cimentada y arraigada a la fuente inagotable de la Palabra de Dios que provee aguas refrescantes y nutrientes para que sus follajes puedan estar siempre verdes. Así es con la vida del creyente cuando su vida espiritual está sumida en las profundidades de la Palabra de Dios.
No podemos esperar firmeza y fortaleza cuando la vida de un creyente está siendo irrigada bajo sus propios principios. El creyente como árbol ha sido plantado y es propiedad de alguien que provee para su cultivo y permanecerá hasta el día final.     Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada” (Mt. 15:13). El creyente en Cristo no nutre su vida espiritual de las sombras de las dudas y el temor, sino que se alimenta y se fortifica mediante inagotable de la Palabra de Dios y bajo el sol su amor.

2.      Su Fruto. “que da su fruto en su tiempo
El árbol que permanece junto a corrientes de aguas produce fruto en su tiempo. El fruto de este árbol depende que sus raíces estén arraigados y cimentados en los arroyos de la fuente de la Palabra de Dios. De la misma manera el creyente que mantiene su vida cultivada y en comunión con la Palabra de Dios, los frutos de salvación obrado por el Espíritu se manifestaran en el carácter del creyente (Gá. 5:22-2; Ef. 4:23,24; Col. 3:12).

El árbol es conocido por sus frutos, así el creyente salvo es conocido por los frutos del Espíritu en su vida. El creyente que dice que permanece en comunión con Dios y que vive nutrido de manera continua de la fuente de la Palabra de Dios, no habrá excusa para no dar fruto. Pablo nos dice: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gá.6:7-8).

Los cristianos que cesan de llevar fruto en su vida es porque algo les ha ocurrido a las raíces y a su corazón (Mc 11.12–13, 20; y véase Lc 13.6–9). Sólo cuando la vida interior sea purificada mediante las aguas de la Palabra de Dios, siempre habrá fruto que será evidente su productividad a su tiempo.

3.      Su Firmeza. “su hoja no cae
Las hojas que acompañan al fruto siempre estarán verdes que no caerán, pero las hojas marchitas evidencian una vida marchita. La vida espiritual del creyente no está sujeta a los tiempos cambiantes, sino caracterizada por una renovación interior que no es afectada por las circunstancias sino por la comunión con la Palabra de Dios. Los cristianos que permanecen firmes y siempre dando frutos, son como los pámpanos que están unidos a la vid verdadera, y mantienen sus vidas limpias mediante su Palabra y permaneciendo en Cristo (Jn. 15:1-5).

4.      Su Fecundidad. “y todo lo que hace prosperará
El hombre bienaventurado es un hombre bendecido en todo lo que hace. Mientras usted permanece junto a la fuente y medita en la Palabra, habla de la Palabra y vive y cree la Palabra, ella traerá bendición a su vida espiritual y su camino será prosperado y tendrá éxito en lo que haga para el Señor (Jos. 1:8). Hay bendición y prosperidad en guardar y obedecer los mandamientos de la Palabra de Dios, “Estas bendiciones tuve Porque guardé tus mandamientos” (Sal. 119:56). Y persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días en que buscó a Jehová, él le prosperó (2 Cr. 26:5; 1 R. 2:3). Dios no promete bendecir al creyente solo porque el dese cosas; Él promete bendecir la vida espiritual y los esfuerzos espirituales con éxito en tanto los creyentes permanezcan y apliquen la Palabra de a sus vidas. En resumen, podemos decir que tenemos:

        A. Su Riego, la Palabra de Dios. (v.2)
        B. Su Raíces, la Verdad profunda en los arroyos de la justicia. Las raíces deben estar revestidas por Su Palabra en la sana doctrina (2Ti.1:13-14).
      C. Su Renuevo, su hoja no caen porque están siempre unido a la Vid verdadera (Jn.15:1-7; 2Co.4:16; Ef.4:23; Col.3:10). Las hojas marchitas evidencian una vida fuera de la comunión con la Vid verdadera. Solo cuando la vida interior está en relación con el Autor de la vida abra siempre hojas verdes y siempre renovadas por la obra del espíritu y la Palabra de Dios.
      D. Sus Resultados, siempre dando frutos a Su tiempo. El árbol cimentado en las aguas profundas de la Palabra de Dios no sólo es Fuerte y está siempre Firme, sino que da Sus Frutos a su tiempo. ¿Qué frutos? 

§  El fruto del Espíritu en la Salvación (Gá.5:22-23). La misma naturaleza nos enseña que cada planta da sus frutos según su especie (Stg.3:11-12). Una persona que ha nacido por la fe en Cristo ha de producir los frutos del Espíritu como evidencia de una vida cambiada (2Co. 5:17)
§  El fruto del Evangelio en el Servicio (1Ts.2:19-20; Col.1:10)
§  El fruto de la Enseñanza en la Santificación (1Ts.4:1-9; 2:13; 3:12-13)

IV.          El Final del hombre feliz. (v.4-6)
Hay  un agudo contraste que describen el final feliz de la vida del hombre justo, y el final de perdición de los malos. El final del hombre feliz:

D.    Está en Conformidad con el Plan de Dios.
La vida del hombre bueno y feliz es contrastada con la vida vana y vacía del hombre malo, que son como el tamo que arrebata el viento. Al justo se le compara con un árbol: fuerte, frondoso y fructífero. A los malos se les compara con el tamo: no tienen raíces; el viento los arrastra; son inútiles para los planes de Dios; son carente de valor y no vale más que para ser quemado. Juan el Bautista usó un cuadro similar en Mateo 3.10–12 cuando describió a Dios como el segador, visitando la era y separando el grano del tamo. «quemará la paja en fuego». (Sal. 35:5 y Job 21:18). En este segundo cuadro se pinta el final de aquellos que transitan por camino de muerte (Pr. 14:12). Vemos:

1.      El Carácter de los malos (v.4, 5)
El carácter de los malos es perverso y son pecadores que viven conforme al versículo uno. Toda su vida han seguido el consejo de los impíos, el camino de pecadores y en la compañía de los burladores. Son aquellos que convierten las cosas santas en objeto burla y desprecio. El verdadero carácter de los malos se revelará en ese juicio final, que está reservado para todos aquellos que han rechazado la verdad; se les verá como paja preparada para el fuego final, como almas perdidas que caminan y mueren sin esperanza.

2.      La Condenación de los malos (v.5)
Los malos son comparados  la paja que arrebata el viento y es echada de una parte a otra porque carecen de raíz porque no son árboles. “Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Lc. 3:17). Habrá un juicio los malos, pero no para el creyente en Cristo (Jn 5:24; Ro 8:1), pero para el incrédulo hay «una terrible expectación de juicio» (He. 10.27; 2 Ts. 1:8,9; Mt.25:46). Este juicio de los perdidos se describe en Apocalipsis 20:11–15. No habrá cristianos en tal escena, sólo pecadores que han rehusado conocer a Dios a través de Jesucristo. 

El versículo 5 dice que los malos «no se levantarán» en el juicio, no significa que estarán ausentes; más bien significa que no soportarán el juicio, quedarán avergonzados y reprobados por Dios. Cuando se abran los libros en aquel día, estos pecadores caerán de rodillas y en confesión de pecados, confesarán de la majestad y poder del Señor para gloria de Dios Padre (Fil. 2:9-11; Is. 45:23,24; Ap. 5:13). A estos malos nunca se les permitirá entrar en la congregación celestial de los buenos, aun cuando quizás en la tierra fueron miembros de grupos religiosos, aun así serán excluidos eternamente de la compañía de los salvos (Mt. 7.21-23; 2 Ts. 1:8-9).

3.      El Camino del justo (v.6)
El camino del justo es contrastado con el camino de los malos en su destino final y destructivo. La palabra «conocer» aquí es más que un reconocimiento, significa mucho más que la comprensión mental indicada cuando decimos: “Sé los nombres de tales personas”. La implicación tiene relación con un conocimiento íntimo y personal del Señor con la vida del justo. Pablo dijo: “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Ti 2:19). En Juan 10: 14-15 el Señor dijo: “Conozco mis ovejas…  así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre”.

La declaración de Cristo a los perdidos es: “Nunca os conocí” (Mt 7:23). El Señor conoce el camino de los justos: Él lo ha planeado desde la eternidad pasada (Ef 2:10), y mantiene sus ojos sobre el justo mientras este transita por el mundo (Jn15:18-19). ¡La vida del justo es un plan eterno de Dios! (1 P. 1:18-23). Lo que dice, a dónde va, lo que hace, todo tiene consecuencias eternas. Pero los malos se han apartado “por su camino” y su fin es camino de muerte (Is 53.6; Pr. 14:12).

La senda de los justos es como la aurora que lleva a la gloria (Pr 4:18), y “En el camino de la justicia está la vida; Y en sus caminos no hay muerte” (Pr. 12:28), pero el camino de los malos perecerá. “Por su maldad será lanzado el impío; Mas el justo en su muerte tiene esperanza” (Pr. 14:32). “El malo no habitará junto ti” (Sal. 5:4).El salmo comienza con el hombre bienaventurado (v.1), y termina con el hombre desventurado y destituido de la congregación de los justos (Sal. 9:5,6; 112:10).

El salmo señala dos caminos en paralelo; uno nos habla del hombre feliz que camina por senda de justicia, apartado de todo consejo de malo, de camino de pecadores y compañía de burladores. El otro es del hombre fracasado y malo, que su vida está envuelta en toda clase de pecado al seguir el consejo, el camino y la compañía de los impíos. El hombre bueno y feliz es conocido por su piedad de vida; el hombre malo y fracasado es conocido por su pecado. Una vida bendecida y bienaventurada es aquella que permanece cerca de los arroyos de la fuente inagotable de la Palabra de Dios. Si quiere esa vida, camine por ella y su vida no será igual.


                                                           Alfonso Rojas, Julio 2014


Querido hermano gracias al Señor por tu ministerio 
edificando a los Santos