Agradecemos a nuestro querido hermano Alfonso Rojas por su aporte de este estudio. deseamos y oramos para que sea de edificacion para sus vidas
Las Bendiciones del Hombre Bienaventurado
(Sal. 1:1-6)
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de
malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha
sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de
día y de noche”. El Salmo presenta en dos estrofas el retrato de la felicidad
del justo y el juicio de los malos. Es la bienaventuranza de un hombre de
profundo gozo y de un contentamiento que viene de Dios. Se trata de la
bendición de los salvos (1-3) y la maldición de los sentenciados
(4-6). Los malos están sentenciados por sus caminos torcidos (Sal. 5:4-6),
porque carece de la vida y la justicia de Dios en Cristo (Ef. 4:18,24; Ro.
3:24-26; 5:1, 9, 17-21).
Estos versículos son una promesa de bendición para
aquellos que tienen una profunda comunión y que caminan en obediencia a la
Palabra de Dios. ¡Qué ser humano en esta vida no daría cualquier cosa por ser
feliz! La felicidad no está en las cosas ni en las circunstancias favorables de
la vida, sino que radica en el carácter piadoso del hombre que camina con Dios
(Sal.1:1). La vida bienaventurada es una bendición que no depende de las
circunstancias ni de las cosas de este mundo, sino de la comunión con el Autor
de nuestra salvación (Jn. 10:10; 1 Ti:6:6, 12; Fil.4:10; Sal.16:11). No se
trata de una felicidad que depende de las “cosas” del mundo, sino con aquello
que se relaciona con el camino, el corazón y el carácter. El mismo Señor dijo:
“Porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que uno
posee” (Lc. 12:15). Él no vino a lidiar con conflictos terrenales sino con
aquellos que tiene que ver con el corazón y el camino eterno (Jn. 14:6;
Col.3:1-4). La felicidad no es “alegría”, sino una de gozo y de un
contentamiento de una vida que ha sido justifica por Dios (Ro.5:1).
El mundo en que vivimos es un sistema corrompido y
que está contaminado por el pecado de Adán (Ro. 1:18-32; 5:12,19), pero el
camino de la felicidad se haya en esa confianza en Aquel que dijo: “...Yo he
venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no
andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn. 10:10; 8:12). El
versículo 1 puede traducirse: «¡Qué felicidad la del hombre!» o también ¡Oh las
felicidades del hombre justo! A cualquier parte de la Biblia que acudamos,
hallamos que Dios da gozo y bendiciones al hombre justo y obediente, pero
aflicción y desdicha le rodea aquellos que desobedecen y tienen en poco Su
Palabra y Sus bendiciones.
Es evidente que Dios no ve una persona, sino a dos
personas en el mundo: los justos, que están «en Cristo», y los malos, que están
«en Adán», muertos en delitos y pecados (1 Co. 15.22, 49; Ro. 5:12-14, 17-21).
Desde el principio de la creación Dios bendijo a la humanidad (Gn. 1.28); pero
fue sólo después que el pecado entró al mundo mediante la desobediencia de Adán
que hallamos la palabra «maldición» (Gn. 3.14–19). ¿Cómo puede un creyente
encontrar bendición espiritual en medio de un mundo que sigue la corriente de
este mundo? Sin embargo, Dios siempre ha deseado que la humanidad disfrute de
sus bendiciones que Él nos ha dado en Cristo. En Efesios 1:3 nos dice que el
creyente en Cristo ha sido «bendecido con toda bendición espiritual». ¡Cuán
ricos somos en Él! Pero es triste, que muchos cristianos no toman posesión «de
sus ricas posesiones» (Abd 17) ni disfrutan de sus bendiciones en Cristo. Estos
versículos son una promesa de bendición para aquellos que tienen una profunda
comunión y que caminan en obediencia a la Palabra de Dios. La felicidad del
hombre:
I.
La Felicidad
del hombre Feliz.
(v.1)
¡Qué ser humano en esta vida no daría cualquier cosa
por ser feliz! La felicidad no está en las cosas ni en las circunstancias, sino que
radica en el carácter piadoso del hombre que camina con Dios. La
felicidad del hombre:
A.
Está en su
Carácter Piadoso (v.1).
1.
No
anda en el Consejo de malos. (Pr.12:5)
Es un hombre feliz porque ha cambiado toda su forma
de vida. Aquí tenemos el cuadro de la vida feliz, pero en términos de carácter,
porque la vida bienaventurada es una vida separada, satisfecha y sumergida en
las profundidades de la Palabra de Dios (Sal.1:1,2) La vida cristiana
se compara al andar conforme a los patrones bíblicos que hayamos establecidos
en la Palabra de Dios (Ef 4.1, 17; 5.2, 8, 15). La vida cristiana empieza con
un paso de fe al confiar en Cristo y crece a medida que vamos dando pasos de fe
en obediencia a Su Palabra.
El Andar del creyente involucra progreso y los
cristianos deben progresar al aplicar las verdades bíblicas a su vida cristiana.
Pero es posible también que el creyente ande «en tinieblas», fuera de la
voluntad de Dios (1 Jn 1.5–7). Las personas que Dios bendice se cuidan mucho en
su andar: aun cuando están en el mundo, no son del mundo y no aman al mundo (1
Jn. 2:15-17). En contraste, se requiere poca imaginación para ver a la persona
andando cerca del pecado, luego deteniéndose para considerarlo y por último
sentándose para disfrutar «los placeres temporales del pecado» (He. 11.25).
El que anda en el consejo de los malos es como
seguir el camino ancho que lleva a la perdición. No se exponga a los consejos
de las personas impías que evalúan la vida sin tener en cuenta los principios y
las promesas de la Palabra de Dios (Stg. 1:5; 2 P. 1:3.4). El creyente debe
cuidar la puerta de su mente de los malos consejos que pueden corromperlo. Las
personas que Dios bendice y que son bienaventurada se cuidan mucho de andar en luz y de andar en la verdad
como él anduvo (Ef. 4:17-18; 5:6-12; 1 Jn. 2:6; 3 Jn. 3-4).
2.
No
anda en Comino de pecadores.
El que sigue el consejo de los malos termina
siguiendo el camino de los pecadores. El creyente no debiera tener trato con
quienes deliberadamente caminan en el pecado y deshonran el buen nombre de
Dios. Porque para ellos hay caminos que le parecen derecho pero su fin es
camino de muerte (Pr. 14:12). El camino de los pecadores es un retrato del
curso de vida que siguen todos los malos que han corrompido su carácter y su
camino de manera deliberada.
La vida buena del hombre bueno está en vivir
separado de todo aquello que lleva a los hombres por el mal camino por carecer
de la luz de Dios (1 Jn. 1:5-6). El cristiano es conocido por su camino, y los
que andan en luz son los que pueden disfrutar de una verdadera felicidad por
estar en comunión con Él. La vida bienaventurada es el resultado de andar en
comunión con Dios y en confesión diaria de nuestros pecados (1 Jn. 1:9). La
vida del hombre feliz está en caminar por las sendas de justicia de los que
aman a Dios y de los que viven conforme a la voluntad de Dios (1 P. 4:1-5; Ef.
4:17-31; 5:7-17).
3.
No
anda en Compañía de burladores.
Si usted
quiere ser bendecido y llevara una vida feliz, dice el salmista, no ande en el
consejo de los malos ¿Qué significa eso? No escuche lo que los impíos
tienen que decir. No siga sus consejos. No deje que influyan en usted su
perspectiva sobre las cosas, su valoración sobre la vida espiritual. No se
exponga a las mentiras de las personas que evalúan el mundo sin tener en cuenta
la Palabra de Dios.
Aquí se representa un proceso de tres etapas que se
mueve del consejo al caminar y al lado de la compañía de personas impías, que
viven ocupados en conversaciones superficiales e infructuosas (Ef. 5:6-12). La imagen siguiente es la de estar
con los pecadores. Alguien dijo con razón: “No
podemos evitar que los pájaros vuelen sobre nuestras cabezas pero sí que hagan
nido” Usted no podrá evitar caminar en medio de una sociedad que sigue la
corriente de este mundo, pero si podrá evitar el camino que ellos siguen hacia
el pecado.
Si se encuentra caminando con ellos, no se quede y
hable con ellos, a menos que pueda compartir del evangelio, de Cristo y de su
amor. No permita que la conversación superficial sobre cosas infructuosas se
haga más profunda. La imagen
final es sentarse con el escarnecedor, compartir el asiento de modo que usted
llega a ser uno de ellos. Este triste desarrollo es una evidencia que vemos en
la desobediencia de Pedro. Jesús le dijo que se fuera (Jn 18.8), pero en lugar
de eso Pedro anduvo detrás de Jesús (Jn. 18.15). Luego lo vemos junto a la
gente equivocada (Jn.18.18) y sentado entre mucho cerca del fuego (Lc 22.55).
Usted sabe lo que ocurrió: entró directo en el camino de la tentación y tres
veces negó a su Señor. Si los cristianos empiezan a escuchar el consejo
(planes) de los malos, pronto estarán yendo por el camino en su manera de vivir
y a la larga se sentarán en compañía de burladores y estarán de acuerdo con todas
sus disoluciones (1 P.4:4; Ef. 5:7-12).
II.
El Fundamento del hombre feliz (v.2)
Es salmista nos declara que el hombre feliz es aquel que
encuentra su deleite en la ley del Señor, y en su ley medita de día y de noche.
El fundamento del hombre feliz:
B.
Está en su Comunión con la Palabra.
El hombre espiritualmente
feliz tiene su deleite en el estudio y en entendimiento de la Palabra de Dios.
Es un hombre en cuyo corazón rebosa la Palabra de Dios, y su delicia está en
esa comunión profunda con Su Palabra. Las personas que son bendecidas por Dios encuentran su deleite en la
Palabra de Dios. Es en el estudio, la meditación, la lectura y la obediencia a la Biblia
lo que trae bendición a nuestras vidas, y lo que demuestra “¡Oh, cuánto
amó yo tu ley! (Sal. 119:97). El Salmo119 emplea las palabras delicia y
regocijo no menos de nueve veces para describir la actitud que el salmista
tenía hacia Palabra de Dios.
La
mediación cada día con la Palabra de Dios es fuente de gozo y satisfacción. Si usted
ama realmente a Dios, amara encontrarse con Él cada día a través de la
meditación de Su Palabra. Medite noche y día en los pasajes que revelen su
voluntad para su vida. Conocer a Dios es uno de los principios de la Palabra de
Dios y el propósito de la vida eterna (Jos. 1:8; Jer. 9:24; Os. 6:3;
Dt.11:18-21; Jn. 17:3; Col. 1:10). Las personas que Dios bendice no sólo leen
la Palabra diariamente, sino que la estudian, la memorizan y meditan en ella de
día y de noche. La Palabra de Dios controla sus mentes, sus actitudes y sus acciones. Los que son llenos de la
Palabra, a la vez son llenos del Espíritu y caminan en el Espíritu. La
vida en el Espíritu es una vida impregnada de la Palabra de Dios. (Col.
3:16; Ef. 5:18-20’)
El
crecimiento acerca de Dios viene por medio de la Palabra de Dios, pero conocer
a Dios viene por la obediencia a sus mandamientos (1 Jn. 2:3-6). La mayoría de
los cristianos no encuentran deleite en Dios porque viven lejos de la Palabra
de Dios. La Biblia es la revelación de Dios, y Él nos ha dejado Su Palabra para
que usted y yo podamos conocerle y crecer en comunión con Él. En la medida que
pasamos tiempo con Su Palabra es en la media que vamos creciendo en la comunión
con Dios.
El
propósito supremo de todo creyente es glorificar a Dios y gozarse en Él, pero
el plan de Dios es que usted y yo tengamos comunión con Dios ahora y aquí a
través de Su eterna Palabra. Fuimos creados para la gloria de Dios y para
gozarnos en la comunión con Dios cada día (Sal. 25:14; Pr. 3:32; Ef. 1:6, 12,
14; 2 Ts. 1:11-12). El apóstol Juan nos dice: lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros
tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el
Padre, y con su Hijo Jesucristo (1 Jn. 1:3).
Un hombre
feliz es un hombre del Libro de Dios, que tiene su apetito por la Palabra de
Dios, y que no hay un día o una noche que no haya tenido un encuentro con el
Autor de la Biblia. Todos los hombres y mujeres piadosos han sido personas del
Libro de Dios. ¿Es posible que la Palabra de Dios pierda su valor en la
vida de un creyente? Demasiados
cristianos están perdiendo las bendiciones que trae la Palabra de Dios a su
vida, porque ya no es su deleite meditar en su ley día y noche, y ya no la
desean como niño recién nacido para alimentarse y crecer hacia la madurez
espiritual (Sal. 1:1-2; 1 P. 2:1-2). El apóstol Pablo escribiendo sobre los
tiempos peligros le dice a Timoteo: “Porque
vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que tendrán comezón de
oír...” (2 Ti. 4:3, 4) Esto quiere decir que muchas personas y aun
creyentes se volverán intolerantes hacia la enseñanza exigente y desafiante de
la Palabra de Dios.
Una
de las maneras de comprobar la falta de apetito y de amor por Palabra de Dios,
es en la manera que atendemos a la voz de Dios a través de Su Palabra cada vez
que se abre para ser leída y explicada en cada reunión. Cuando el pueblo de
Dios “se juntó como un solo hombre en
frente de la plaza de las aguas” para oír la ley de Dios, el pueblo no
pregunto quién iba hablar sino que dijeron a Esdras el escriba que traigan el
Libro (Neh. 8:1). No se juntaron para ver quién iba a predicar o de que iban
hablar, sino que todos estaban unidos de corazón y mente para oír la voz de la
Palabra de Dios.
Una
de las evidencias que demuestra el valor de la Palabra de Dios en la vida de un
creyente, es en la medida que amamos al Señor y en la manera que tramos a la
Biblia. El Señor dijo a de sus discípulos: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. El que tiene
mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será
amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. El que no me ama, no
guarda mis palabras...”(Jn. 14:15,21,24). Lamentablemente, muchos
creyentes tratan a la Biblia como un “psicólogo” que solo van a ella cada vez
que se sienten mal o cada vez que necesitan que una promesa de Dios se haga realidad en algunas de sus pruebas.
Sin embargo,
para los que aman a Dios, la Biblia representa el alimento más importante y
necesario para alimentar su alma cada día. Sino miren a Job: =Guardé las palabra de tu boca más que mi
comida” (Job. 23:12). Job iba diciendo: yo he estimado de más valor las
palabras de tu boca, que la comida necesaria. Uno de los peligros de los
últimos tiempos es la gratificación personal que la gloria de Dios. Los
creyentes están más preocupados por las cosas materiales que por las cosas
espirituales. Unas de las señales de los últimos tiempos serán la apatía y la
falta de apetito por la Palabra de Dios. A propósito, ¿Qué lugar ocupa en la
escala de valores en su vida la Palabra de Dios? ¿Es la Palabra de Dios
preeminente o prominente en su vida? Dios no quiere tener “un lugar en su vida”
sino que Él desea estar en toda Su plenitud en su corazón.
La Palabra de
Dios puede estar solo en sus recuerdos o puede estar obrando en su corazón, de
ello depende el valor de la Palabra de Dios en su vida. “Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que
cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis
no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la
cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Ts. 2:13) Si la Palabra de Dios ya
no es un fuego en nuestros huesos; una luz a nuestro camino o una espada para hacer frente a nuestras batallas, entonces
sabremos que nuestras vidas y corazones están vacíos de la presencia de Dios.
¡Qué bendición cuando la compañía de los redimidos del Señor se reúne como un
solo hombre para clamar, como el siervo que brama por las corrientes de las
aguas por la Palabra de Dios! Vayamos, pues, como ellos a “la plaza delante de la puerta de las aguas” y clamemos: “Traed el libro, la Biblia”
III.
Los Frutos
del hombre feliz
(v.3)
El hombre bueno y feliz es comparado a un árbol que
tiene las cualidades de ser un árbol fuerte, fructífero y frondoso. Los frutos
del hombre feliz.
C.
Está en las
Corrientes de aguas Profundas.
La vida del hombre feliz es comparada a un árbol frondoso
y fecundo que todo lo que hace en su vida prospera. Podríamos hablar de:
1.
Su
Fuente. “junto a corrientes de aguas”
No es un árbol que está plantado en cualquier lugar,
sino junto a los arroyos en las profundas verdades de la Palabra de Dios. Es un
árbol que tiene sus raíces bien cimentada y arraigada a la fuente inagotable de
la Palabra de Dios que provee aguas refrescantes y nutrientes para que sus
follajes puedan estar siempre verdes. Así es con la vida del creyente cuando su
vida espiritual está sumida en las profundidades de la Palabra de Dios.
No podemos esperar firmeza y fortaleza cuando la
vida de un creyente está siendo irrigada bajo sus propios principios. El
creyente como árbol ha sido plantado y es propiedad de alguien que provee para
su cultivo y permanecerá hasta el día final.
“Toda
planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada” (Mt. 15:13). El
creyente en Cristo no nutre su vida espiritual de las sombras de las dudas y el
temor, sino que se alimenta y se fortifica mediante inagotable de la Palabra de
Dios y bajo el sol su amor.
2.
Su
Fruto. “que da su fruto en su tiempo”
El árbol que permanece junto a corrientes de aguas
produce fruto en su tiempo. El fruto de este árbol depende que sus raíces estén
arraigados y cimentados en los arroyos de la fuente de la Palabra de Dios. De
la misma manera el creyente que mantiene su vida cultivada y en comunión con la
Palabra de Dios, los frutos de salvación obrado por el Espíritu se manifestaran
en el carácter del creyente (Gá. 5:22-2; Ef. 4:23,24; Col. 3:12).
El árbol es conocido por sus frutos, así el creyente
salvo es conocido por los frutos del Espíritu en su vida. El creyente que dice
que permanece en comunión con Dios y que vive nutrido de manera continua de la
fuente de la Palabra de Dios, no habrá excusa para no dar fruto. Pablo nos dice:
“No os engañéis; Dios no puede ser
burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque
el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra
para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gá.6:7-8).
Los cristianos que cesan de llevar fruto en su vida es
porque algo les ha ocurrido a las raíces y a su corazón (Mc 11.12–13, 20; y
véase Lc 13.6–9). Sólo cuando la vida interior sea purificada mediante las
aguas de la Palabra de Dios, siempre habrá fruto que será evidente su
productividad a su tiempo.
3.
Su
Firmeza. “su hoja no cae”
Las hojas que acompañan al fruto siempre estarán
verdes que no caerán, pero las hojas marchitas evidencian una vida marchita. La
vida espiritual del creyente no está sujeta a los tiempos cambiantes, sino
caracterizada por una renovación interior que no es afectada por las
circunstancias sino por la comunión con la Palabra de Dios. Los cristianos que
permanecen firmes y siempre dando frutos, son como los pámpanos que están
unidos a la vid verdadera, y mantienen sus vidas limpias mediante su Palabra y
permaneciendo en Cristo (Jn. 15:1-5).
4.
Su
Fecundidad. “y todo lo que hace prosperará”
El hombre bienaventurado es un hombre bendecido en
todo lo que hace. Mientras usted permanece junto a la fuente y medita en la
Palabra, habla de la Palabra y vive y cree la Palabra, ella traerá bendición a
su vida espiritual y su camino será prosperado y tendrá éxito en lo que haga
para el Señor (Jos. 1:8). Hay bendición y prosperidad en guardar y obedecer los
mandamientos de la Palabra de Dios, “Estas bendiciones tuve Porque guardé
tus mandamientos” (Sal. 119:56). Y persistió en buscar a Dios en los
días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días en que buscó a
Jehová, él le prosperó (2 Cr. 26:5; 1 R. 2:3). Dios no promete bendecir al
creyente solo porque el dese cosas; Él promete bendecir la vida espiritual y
los esfuerzos espirituales con éxito en tanto los creyentes permanezcan y apliquen
la Palabra de a sus vidas. En
resumen, podemos decir que tenemos:
A. Su
Riego, la Palabra de Dios. (v.2)
B. Su
Raíces, la Verdad profunda en los arroyos de la justicia. Las raíces deben
estar revestidas por Su Palabra en la sana doctrina (2Ti.1:13-14).
C. Su
Renuevo, su hoja no caen porque están siempre unido a la Vid verdadera
(Jn.15:1-7; 2Co.4:16; Ef.4:23; Col.3:10). Las hojas marchitas evidencian una
vida fuera de la comunión con la Vid verdadera. Solo cuando la vida interior
está en relación con el Autor de la vida abra siempre hojas verdes y siempre
renovadas por la obra del espíritu y la Palabra de Dios.
D. Sus
Resultados, siempre dando frutos a Su tiempo. El árbol cimentado en las
aguas profundas de la Palabra de Dios no sólo es Fuerte y está
siempre Firme, sino que da Sus Frutos a su tiempo.
¿Qué frutos?
§ El fruto del Espíritu en la Salvación (Gá.5:22-23). La misma naturaleza nos enseña que
cada planta da sus frutos según su especie (Stg.3:11-12). Una persona que ha
nacido por la fe en Cristo ha de producir los frutos del Espíritu como
evidencia de una vida cambiada (2Co. 5:17)
§ El fruto del Evangelio en el Servicio (1Ts.2:19-20; Col.1:10)
§ El fruto de la Enseñanza en la Santificación (1Ts.4:1-9; 2:13; 3:12-13)
IV.
El Final del
hombre feliz. (v.4-6)
Hay un agudo
contraste que describen el final feliz de la vida del hombre justo, y el final
de perdición de los malos. El final del hombre feliz:
D.
Está en Conformidad
con el Plan de Dios.
La vida del hombre bueno y feliz es contrastada con
la vida vana y vacía del hombre malo, que son como el tamo que arrebata el
viento. Al justo se le compara con un árbol: fuerte, frondoso y fructífero. A
los malos se les compara con el tamo: no tienen raíces; el viento los arrastra;
son inútiles para los planes de Dios; son carente de valor y no vale más que
para ser quemado. Juan el Bautista usó un cuadro similar en Mateo 3.10–12
cuando describió a Dios como el segador, visitando la era y separando el grano
del tamo. «quemará la paja en fuego». (Sal. 35:5 y Job 21:18). En este segundo
cuadro se pinta el final de aquellos que transitan por camino de muerte (Pr.
14:12). Vemos:
1.
El
Carácter de los malos
(v.4, 5)
El carácter de los malos es perverso y son pecadores
que viven conforme al versículo uno. Toda su vida han seguido el consejo
de los impíos, el camino de pecadores y en la compañía de los burladores. Son
aquellos que convierten las cosas santas en objeto burla y desprecio. El
verdadero carácter de los malos se revelará en ese juicio final, que está
reservado para todos aquellos que han rechazado la verdad; se les verá como
paja preparada para el fuego final, como almas perdidas que caminan y mueren
sin esperanza.
2.
La
Condenación de los malos (v.5)
Los malos son comparados la paja que arrebata el viento y es echada de
una parte a otra porque carecen de raíz porque no son árboles. “Su aventador
está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y
quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Lc. 3:17). Habrá un juicio los
malos, pero no para el creyente en Cristo (Jn 5:24; Ro 8:1), pero para el
incrédulo hay «una terrible expectación de juicio» (He. 10.27; 2 Ts. 1:8,9;
Mt.25:46). Este juicio de los perdidos se describe en Apocalipsis 20:11–15. No
habrá cristianos en tal escena, sólo pecadores que han rehusado conocer a Dios
a través de Jesucristo.
El versículo 5 dice que los malos «no se levantarán»
en el juicio, no significa que estarán ausentes; más bien significa que no
soportarán el juicio, quedarán avergonzados y reprobados por Dios. Cuando se
abran los libros en aquel día, estos pecadores caerán de rodillas y en
confesión de pecados, confesarán de la majestad y poder del Señor para gloria de
Dios Padre (Fil. 2:9-11; Is. 45:23,24; Ap. 5:13). A estos malos nunca se les
permitirá entrar en la congregación celestial de los buenos, aun cuando quizás
en la tierra fueron miembros de grupos religiosos, aun así serán excluidos
eternamente de la compañía de los salvos (Mt. 7.21-23; 2 Ts. 1:8-9).
3.
El Camino del
justo (v.6)
El camino del justo es
contrastado con el camino de los malos en su destino final y destructivo. La
palabra «conocer» aquí es más que un reconocimiento, significa mucho más que la
comprensión mental indicada cuando decimos: “Sé los nombres de tales personas”.
La implicación tiene relación con un conocimiento íntimo y personal del Señor
con la vida del justo. Pablo dijo: “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Ti
2:19). En Juan 10: 14-15 el Señor dijo: “Conozco mis ovejas… así como el Padre me conoce, y yo conozco al
Padre”.
La declaración de Cristo a los perdidos es: “Nunca
os conocí” (Mt 7:23). El Señor conoce el camino de los justos: Él lo ha
planeado desde la eternidad pasada (Ef 2:10), y mantiene sus ojos sobre el
justo mientras este transita por el mundo (Jn15:18-19). ¡La vida del justo es
un plan eterno de Dios! (1 P. 1:18-23). Lo que dice, a dónde va, lo que hace,
todo tiene consecuencias eternas. Pero los malos se han apartado “por su
camino” y su fin es camino de muerte (Is 53.6; Pr. 14:12).
La senda de los justos es como la aurora que lleva a
la gloria (Pr 4:18), y “En el camino de la justicia está la vida; Y en sus
caminos no hay muerte” (Pr. 12:28), pero el camino de los malos perecerá. “Por
su maldad será lanzado el impío; Mas el justo en su muerte tiene esperanza”
(Pr. 14:32). “El malo no habitará junto ti” (Sal. 5:4).El salmo comienza con el
hombre bienaventurado (v.1), y termina con el hombre desventurado y destituido
de la congregación de los justos (Sal. 9:5,6; 112:10).
El salmo señala dos caminos en paralelo; uno nos
habla del hombre feliz que camina por senda de justicia, apartado de todo
consejo de malo, de camino de pecadores y compañía de burladores. El otro es
del hombre fracasado y malo, que su vida está envuelta en toda clase de pecado
al seguir el consejo, el camino y la compañía de los impíos. El hombre bueno
y feliz es conocido por su piedad de vida; el hombre malo y fracasado es
conocido por su pecado. Una vida bendecida y bienaventurada es aquella que
permanece cerca de los arroyos de la fuente inagotable de la Palabra de Dios.
Si quiere esa vida, camine por ella y su vida no será igual.
Alfonso Rojas, Julio 2014
Querido hermano gracias al Señor por tu ministerio
edificando a los Santos