(Sal.63:1-4;
1 P.2:1-3)
Este salmo de
David nos presenta al salmista en el desierto de Judá, cuando huía de su
enemigo Absalón (2 S.15:23,28), alejado del santuario de Jerusalén, sin hogar y
lejos de sus amigos, su alma se encuentra en la soledad del desierto para ver a
Dios en la profundidad de la comunión. Este es un salmo adecuado para los
tiempos en que vivimos, porque nos lleva a mirar adentro del alma cuando se
haya viviendo en desánimo y desazón, pero sin perder el deleite y la
dependencia en Dios. David estaba lejos del santuario de Dios, pero no había
perdido su pasión de buscar la presencia de Dios, como lo están miles de
creyentes lejos de la “casa” del Padre, muchos de los cuales han sido afectado
por la pestilencia del (Covid-19) que fueron llevados de una vida
cómoda y tranquila, a una de conflicto y confusión (Jn.16:33).
No es fácil entender las pruebas cuando la
vida transita por un lugar árido y sin poder encontrar a Dios, mayormente cuando
la vida es arrastrada por la incertidumbre, la intranquilidad, y la incomprensión
de no poder ver el propósito Dios (Ro.8:28). En estos días malos que nos toca
vivir, este salmo de David viene a refrescar el alma en las aguas profunda de
la comunión de los que tienen sed de Dios. A través de la historia bíblica
podemos ver a muchos hombres y mujeres que conocieron mejor a Dios en un
diserto. Agar vio a Dios en un desierto (Gn.16:7-14). Moisés
vio a Dios en el desierto (Éx.19 y 24). Elías vio a Dios en el
desierto (1 R.19). El mismo Señor salía al desierto tener
comunión con el Padre celestial (Mr.1:35). Este salmo nos desafía a mirar el
alma del creyente fiel cuando se haya lejos del santuario de Dios. El deseo ardiente del salmista por la
presencia de Dios lo podemos ver a través de cuatro declaraciones:
1.
El Deseo del alma
(v.1-4)
El anhelo de
buscar la Presencia de Dios, así como el apetito por la Palabra de Dios, es una
evidencia del creyente que desea saciar su alma, con la misma intensidad que lo
hace un niño recién nacido por la leche materna (1 P.2:1-2).
a) La
Perspectiva de
su comunión (v.1) “Dios, Dios mío eres tú”
Una vida en medio
de un desierto puede llevarnos a perder la perspectiva de la grandeza de
Dios, cuando el desierto moral de este mundo está ofreciendo todo el tiempo como
satisfacer el alma que ha perdido la perspectiva de la suficiencia de Dios. Uno
de los peligros en la vida de muchos creyentes viene de las preocupaciones por
las cosas materiales que pone en riesgo la vida espiritual, y poco a poco el
mundo materialista y moral puede hacernos perder el amor y el anhelo de buscar
la Presencia de Dios (1 Ti.6.9-11,17). El salmista se encuentra en un desierto
vacío de todos los recursos para la vida, pero se da cuenta que los recursos
para satisfacer su alma se haya en esa búsqueda de relación personal con Dios.
El sustento para el alma vacía, no viene de la satisfacción que el mundo
ofrece, sino de saber quién es Dios en nuestras vidas que tiene todos los
recursos para sostener y llenar el alma de satisfacción. Pablo dijo: “Mi
Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en
Cristo Jesús” (Fil.4:19; Stg.1:17). Podemos decir nosotros: “¿Dios, Dios
mío eres tú? Él no es indiferente e insensible sino un Dios todo suficiente
que puede llenar de sustento y de alegría nuestros corazones
(Hch.14:17).
b) La
Prioridad de su comunión (v.1) «De madrugada te
buscaré»
La comunión con Su Dios era la prioridad
en la vida de David que no esperaba que el sol lo levantara, sino que él se
anticipa al alba y aun a las vigilias de la noche para buscar de Dios Su
comunión (Sal.119:147-148). Uno más grande que David nos enseña lo que era
levantarse temprano en la mañana: “Levantándose
muy de mañana, siendo aún muy oscuro, y allí oraba” (Mr.1:35). La devoción
del Señor estaba en ese tiempo de comunión que él deseaba pasar cada mañana en
la presencia de Su Padre celestial en oración. La fuerza espiritual en la
vida de Jesús estaba unida a la relación personal con Su Padre celestial que
era la fuente de su comunión. fuente. Necesitamos del alimento de la
Palabra de Dios para fortalecer las raíces de la fe, pero
necesitamos también apartar tiempo en la Presencia, para fortalecer la
relación de la comunión con Dios y regar las flores de la
esperanza a través de la oración. El tiempo más importante cada día en la vida de
un creyente, tiene que ver con ese tiempo a solas con Dios.
c) La
Profundidad de su comunión (v.1) «Mi alma tiene sed... mi carne te
anhela»
David anhela la
presencia de Dios como alguien que anhela el agua en un desierto perdido. Este
mundo es un desierto moral con personas que tiene un montón de deseos de todo
tipo que no saben como satisfacerla. El salmista sabía que la fuerza de su vida
interior venía de un intenso deseo de todo el ser, para satisfacer la sed de su
alma en la fuente de las aguas de la comunión con Dios.
d) La
Plenitud de la comunión (v2) «Para ver tu poder
y tu gloria... te he mirado en tu santuario»
El salmista esta oculto
en el desierto de Judá, pero allí el anhelo de su alma se intensifica por
regresar a la adoración en Jerusalén. David había contemplado el poder y la
gloria de Dios en el santuario, ahora contempla el poder y la
gloria de Dios en un desierto para saciar su alma en la plenitud de
Su presencia. Quizás hoy no podemos contemplar el poder y la gloria de Dios en el
culto de una Iglesia, pero lo podemos hacer en la comunión privada en nuestros
hogares y en familia. El que prometió estar con nosotros, estará con Su
presencia en cada color de prueba y peligro hasta lo último de la tierra
(Mt.28:20).
e) La
Proclamación de su comunión (v.3-4) «Porque
mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán»
No hay bendiciones
que se puedan compara con la misericordia de Dios, porque “Por la
misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus
misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad”
(Lm.3:22,23). La misericordia de Dios es mejor que la vida misma y que
cualquier otra cosa en la vida. El salmista alaba, exalta y bendice a Dios por
su misericordia, porque de hecho David sabía lo que era la misericordia de Dios
en su vida (2 S.24:12-14). Las manos levantadas son símbolos de la
devoción del corazón, de la dependencia del que confía
en Su nombre, y de los que le alaban con dedicación “Mis
labios te alabarán y te bendeciré en mi vida” Al contemplar la misericordia
de Dios, el alma de David se llena de alabanza y de agradecimiento por las bendiciones
recibidas en Su misericordia, y en sus labios hay una canción para Dios, pero
todo esta simbolizado por sus manos levantadas que es la expresión del corazón.
Y, cuando el corazón no anda bien, cualquier cosa que hagamos resultará en
maldición en lugar de una bendición (1 Co.11:17-32). Cuidar el
corazón, es cuidar la puerta de las bendiciones.
2.
El Deleite del alma
(v.5-7)
El alma sedienta
ahora encuentra la plenitud de la satisfacción, cuando se acuerda que solo Dios
puede alimentar al hombre interior. En el palacio tenía de todo para comer y
beber para su cuerpo, pero en el la soledad del desierto se da cuenta que la
comida para alimentar y fortalecer su alma, vienen de la grosura y el meollo al
alma que encuentra su deleite en la comunión con Dios. La satisfacción
espiritual y emocional con la comunión en la presencia de Dios, es comparada
con las ricas y abundantes comidas de las fiestas de un palacio. La
satisfacción de su alma se evidencia por:
a)
La Delicia
de su comunión (v.6) “cuando me acuerde de ti en mi lecho”
La delicia de la
comunión de salmista David estaba cuando traía a su memoria al Dios de todos
los tiempos (20:7; Sal.143:5-6). La vida del salmista estaba impregnada de la
presencia y persona de Dios en todo tiempo y circunstancia que le toba pasar. David
se da cuenta que el alma que necesita ser saciada, puede ser alimentada y
animada cuando se acuerda de Dios, no de sus logros o de sus victorias sino
solo de Dios.
b)
La Diligencia
de su comunión (v.6) “cuando medite en ti en las vigilias de la noche”
El salmista era
perseguido por un hijo rebelde, pero antes que el crepúsculo se levante en el
desierto de Judá, el se levanta para buscar de Dios Su comunión. David se
levanta en la noche para meditar no en sus enemigos, sino que medita en su
misericordia, en su poder, y en su gloria. Muchas veces Dios lleva nuestra vida
a un desierto para que podamos aprender acerca de la maravilla de Su persona,
de Su poder, y de Sus promesas.
c)
La Dependencia
de su comunión (v.7) “porque has sido mi socorro,” ...
David entiende que
en un desierto no podía contar con sus amigos, y en todos los peligros que le
toco pasar al enfrentar el oso, el león, Goliat y otras muchas cosas pudo
encontrar su refugio en Dios. Ahora en la soledad de un desierto, David se
refugia bajo la sombra de las de Dios que le daban seguridad y sostén como una
madre protege a sus polluelos (57:1). Una manera de encontrar esta misma
protección que David encontró en la soledad de su vida, viene al creyente
cuando tiene su vida en dependencia de la comunión con Dios en todo
tiempo.
3.
La Dedicación del alma
(v.8)
Se trata del alma
siguiendo en pos de Dios, porque esta apegada a Dios como lo expresa la
relación del hombre con su esposa (Gn.2:24) o de la relación de Rut con Noemí
(Rut.1.16-17). El salmista se apega a Dios como una manera de seguir la
invitación de Dios (Dt.4:4; 10:20; 13:4). El alma saciada encuentra en Dios la
plena satisfacción para los momentos difíciles de la vida en la manera y en la
medida que le sigue. Hay muchos creyentes que solo se apegan al Señor cuando su
vida se encuentra en valle de sombra de muerte, pero le siguen de lejos cuando
la vida transita por periodo de tiempo de bonanza y bendiciones. Un ejemplo de
alguien que dejo de seguir al Señor fue Pedro: “Y Pedro le seguía de lejos”
(Lc-22:54-62).
La
satisfacción del alma no es sinónimo de sentimientos, sino de comunión y
compromiso del alma que confía en Dios.
4.
La Defensa del alma
(v.9-11)
En esta
conclusión, David resume su salmo que su vida se haya sostenida bajo la defensa
de Dios. Los enemigos crueles que le perseguían sin razón, fueron derrotados
como evidencia que el Dios de David estaba a su favor (2 S.18:6-9). A la luz de
su caminar y de su comunión con Dios, los enemigos de David fueron derrotados y
devorados por los chacales sin tener una sepultura decente (v.10). El rey se
alegra no en sus logros, sino en el poder y en la promesa de su Dios (v.11).
En esta vida nos
hemos de encontrar con enemigos de adentro y de afuera, pero quien podrá hacernos
daño, si nosotros seguimos el bien (1 P.3:13-18). David se goza en Dios porque
sabe que no hay nada en que podía gloriarse, sino en la gracia y en la grandeza
de la diestra de Dios que le ha sostenido. El requisito de todas estas
bendiciones, viene alma del creyente que busca la presencia de Dios. La senda
del salmista ascendía en la medida que su alma era saciada en la presencia de
Dios. ¿Está su alma siendo saciada por la presencia de Dios? No se puede buscar
la presencia de Dios, y al mismo tiempo buscar las cosas de este mundo
(Col.3.1-3; 1 Jn.2.15-17).
Alfonso Rojas,
1 de abril
de 20204
Agradecemos a nustro queri hermano Alfonso Rojas por su aporte y edificacion.

